Música

Calamaro cargó la suerte en Córdoba

Andrés Calamaro presentó Cargar la Suerte en Córdoba con un concierto que duró más de dos horas, en donde repasó canciones del disco, muchos clásicos y algunas perlas. La presentación fue en el Orfeo Superdomo (el único show en materia de rock que se hizo este año) ante seis mil personas que se llegaron al domo.

En las inmediaciones del lugar las calles estaban desbordadas de tránsito y, como el público llegó sobre la hora, el ingreso se hizo a tránsito lento (tal el título de una de sus canciones). Tanto, que a las 21: 30, con puntualidad inglesa, el músico subió al escenario para arremeter con Alta Suciedad, mientras gran parte de la audiencia aún hacía cola para ingresar.

Dos pantallas laterales y una trasera funcionaron como medios audiovisuales para complementar con diversas imágenes el concepto artístico que vino a presentar el músico en formato quinteto (Martín Bruhn en batería, Julián Kanevsky en guitarra, Germán Wiedemer en teclado, Julián Dominguez en bajo y el propio Calamaro en piano y voz).

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El show se dividió en dos tramos; el primero con  canciones de Cargar La Suerte (Verdades Afiladas, Cuarteles de Invierno, Diego Armando Canciones, Tránsito Lento, Falso LV y My Mafia), mechadas a himnos generacionales: Crímenes Perfectos o La Parte de Adelante. Esta última con imágenes de diferentes revoluciones feministas que se dieron a lo largo de la historia y el rostro de Simone de Beauvoir que apareció incesantemente. Tal vez, como una respuesta a un compilado de «canciones prohibidas» que circuló el año pasado en las redes sociales. Acto seguido, como suele hacer cada vez que muere algún artista reconocido, recordó a Cacho Castaña como el último autor en meter dos canciones grandes en el repertorio del tango argentino.

El segundo tramo empezó con el cumbión Tuyo Siempre y fue el momento donde el público se encendió y coreó de pé a pá. Si bien al principio el músico se mostró molesto por el uso de celulares, en este tramo se mostró liberado y hasta bromeó: «Lo confieso todo, tengo la falopa ahí». La banda sonó aplomada y fue muy versátil para matizar en los momentos jazz- bossa (Los Aviones), rockearla en Los Chicos o groovearla en Loco. Justamente en el medio de este tema es que apareció una joya para entendidos: Corte de Huracán.

Las pantallas jugaron un papel aparte, dijimos. Por allí pasaron imágenes de revoluciones peronistas, el Gauchito Gil, La Virgen de Guadalupe, Diego Armando Maradona, salmones, el movimiento Queer y los clips de sus canciones. Así, las líricas tomaron otros significados mientras sonó cada uno de los temas que ya tenemos incorporados en nuestra memoria.

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Este Calamaro más entretenedor contó anécdotas de la vez que el público le dio la espalda a Miguel Abuelo en La Falda Rock y el emblemático viaje ochentoso a Ibiza con orgías incluídas, también recordó la primera vez que vino a Córdoba como músico  (a la ciudad de San Francisco) y la odisea de aquel viaje, explicó qué es para él un falso Louis Vuitton e hizo una analogía entre el barrio bajo de Villa Soldati con barrios cordobeses. Para eso contó con la complicidad del cordobés Bruhn, quien nombró a Las Violetas, Mafekin, pero el público pareció no entender de qué hablaban. Ante esto, el artista dijo, «somos más cordobeses que ustedes».

Si hablamos de canciones de culto, tenemos que nombrar a All you Need Is Pop, dedicado a Iggy Pop. En este caso con imágenes queer de fondo. También se dio el tiempo para jugar con versiones de otros autores: Esa Estrella Era Mi Lujo (Los Redondos), a piano pelado; el tango Los Mareados, a capella; De música Ligera (Soda) pegada a Smells Like Teen Spirit (Nirvana), en plan claramente rocker; y hasta unos versos de Cibreando  (José Larralde), en forma de recitado.

Al clásico final cantado a viva voz: Paloma, le sumó un bonus track: Flaca. Como siempre ovacionadas y coreadas por la audiencia. El sonido fue high class, pero hubo un pequeño momento de total interferencia que fue solucionado con el correspondiente pedido de disculpas. El show de más de dos horas se pasó muy rápido y Calamaro se mostró libre para expresar sus canciones y sin temor a que lo juzgen por homenajear a Cacho Castaño. A esta altura, el Salmón, alguna vez indicado como el «enemigo a vencer» por el genocida Tigre Acosta, alguna vez llevado a juicio por preconización de consumo de drogas y muchas veces agitado por el público machirulo como «puto» -cuando en los ’80 se maquillaba los ojos- no tiene ningún conflicto en ser honesto y homenajear a quien se le canta. Al final de cuentas, un porcentaje muy amplio de su repertorio está dedicado a la hermana hermosa, la libertad.

Por Santiago Ramos 

Fotografía: Nicolás Papa##

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