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Música

Charly, la torre que iluminó la fría noche cordobesa

En 2007, antes del colapso y la rehabilitación, le filtraron el disco Kill Gil a Charly García. La obra resistió el paso del tiempo y luego fue publicada bajo el slogan «un disco para mirar». Éste fue otro de los tantos arrebatos al tiempo que logró el músico. Los resultados están a la vista: la música ahora se consume en plataformas bajo la lógica de escuchar y ver al mismo tiempo. En correlación a esta perspectiva, el músico denominó  «La Torre de Tesla» al espectáculo que presentó anoche en La Plaza de la Música en homenaje a otro genio creador que también se supo adelantar a su época.

En la previa del concierto, afuera el público soportó la inclemencia de uno de los días más fríos del año (nueve grados bajo cero en distintos puntos de la provincia), pero toda esta resistencia (aguante) sirvió para disfrutar de un nuevo regreso que tuvo la característica de grandilocuente. Charly volvió a ser recibido con mucha expectativa, quizá como en aquel regreso gratuito en 2005 al predio de San Roque -un año después del escándalo que marcó el punto final de Cosquín Rock en la Plaza Próspero Molina-. Es que esta vez las entradas se agotaron en 25 minutos, todo un récord. Su último show en córdoba había sido hace más de cinco años (diciembre de 2012 en el Centro Cívico).

En los alrededores se pudo ver muchos puestos de choripanes, alguna que otra reventa de entrada y mucho pañuelo verde. Así, la gente ingresó pacíficamente a cada uno de los sectores dispuestos de la productora: (mientras más cara la entrada, más cerca el escenario) Platinium, Premium, Preferencial, Platea y, allá al fondo, el Campo de Pie.

La banda conformada por el Zorrito Fabián Quintero en teclados, Kiuge Hayashida en guitarras, Toño Silva en batería, Carlos González en bajo y Rosario Ortega en voz, fue el sostén para que el músico vuelva a brillar como en sus mejores noches donde cantó con potencia y afinación. El reloj marcó las 21, se apagaron las luces y, mientras el telón se subía, sonó Instituciones. 

Los primeros aplausos no se hicieron esperar y lo que siguió fueron 23 temas sin respiro, sólo un breve descanso de cinco minutos. De este modo García paseó por sus distintas eras: No Soy Un Extraño, Cerca de la Revolución, Reloj de Plastilina, King Kong, Lluvia, Rezo, Fax U, Cuchillos, Yendo de la Cama al Living, Anhedonia, fueron la muestra de las distintas épocas que atravesó el músico. Es decir, desde 1982 hasta 2017. De todas formas el comienzo había sido con la canción de Sui Generis de 1974.

La banda sonó aplomada y cada tono e incluso silencio se pudo escuchar en cada sector del lugar. Al principio la voz de Rosario Ortega no estuvo ecualizada acorde a la mezcla sonora del resto de la banda, pero luego tomó mayor volumen. Por su parte, el Zorro Von Quintiero ofició de director de orquesta desde su set de teclados y manejó los tiempos del concierto.

Las pantallas respondieron a la música y a la idea que mencionamos al principio de la nota con eso de «música para mirar». Así, en King Kong se mostraron imágenes de Odisea en el Espacio 2001; en No Importa lucieron videos de los años locos de Charly, y una  torre gigante plantada en el medio del escenario emuló el invento de Tesla. Asimismo, en las pantallas laterales mostraron imágenes de la banda en directo.

Otra de las características de Charly es mostrar sus puntos de vista a través de gestos. En este caso armaron una escena en la que le preguntó a Rosario Ortega qué era esa cosa verde que tenía colgando de su muñeca. La cantante respondió, «es un pañuelo a favor del aborto legal y gratuito». Inmediatamente estallaron los aplausos y sonó No Llores por Mi Argentina.

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También hubo lugar para algunas humoradas clásicas del artista. Siempre fue reacio a las ovaciones del público y, tras un cántico extendido, dijo «bueno, basta». Luego de un solo bautizó a su guitarrista como un «Chuck Berry chileno», para más tarde hacer algunos guiños a la ciudad de Córdoba.

Otro punto a destacar es que tocó muchas canciones de sus últimas etapas, tal vez como un guiño a los millenials, como por ejemplo La Máquina de ser Feliz e In The City (compuesta en Nueva York), tal había expresado el mismo músico había dicho en la previa. Sobre el final tiró toda la artillería con Promesas Sobre el Bidet, Inconsciente Colectivo, Los Dinosaurios, No Se Va a Llamar Mi Amor, No Importa y el final con Demoliendo Hoteles. Antes le dedicó Cuchillos a Mercedes Sosa y se vivió un hermoso momento emotivo con imágenes de ambos sobre las pantallas.

Charly ESTÁ ON FIRE en @plazadelamusica ?? ASESINAME ?? #LaTorreDeTesla #CoberturaGamba

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Ya eran las 23 , el telón se bajó y la Plaza quedó en estado de algarabía con pedidos por más. Eso duró unos 10 minutos hasta que la gente decidió retirarse del lugar con mucha calma. En conclusión, Charly García volvió a brillar y sus 67 le sientan bien para hacer este tipo de shows. Si bien sólo esta sentado frente a sus teclados, se enfoca en entregar toda su calidad artística en lo vocal como en lo instrumental y no arriesga: si ve que no va a llegar a un tono, lo baja inmediatamente o deja que a esa estrofa la complete el público. Para eso cuenta con una banda en estado de gracia que pela cuando hay que pelar y tira sutilezas en los momentos que la canción lo pide. Say No More sigue pegando en las nuevas generaciones, aunque también se pudo ver a gente joven y adulta. La vanguardia es así.

Por Santiago Ramos para GAMBA.FM##

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