Entrevistas

El fabuloso mundo de Magalí Cibrián

Proveniente de una familia de artistas, Magali Cibrián es música, compositora y artista audiovisual. En 2018 lanzó su primer disco, La hora azul, obra que incorpora elementos teatrales, cinematográficos y oníricos. Si bien prefiere evitar las referencias, reconoce que los boleros, tangos y coplas escuchadas por sus abuelos, así como también Kate Bush, Cartola, Björk, Spinetta, Pink Floyd, y una infancia sumergida entre Disney y María Elena Walsh, han dejado huella en su imaginario artístico. Actualmente se encuentra presentando la trilogía de canciones adelanto de su segundo trabajo discográfico y escribiendo un proyecto audiovisual.

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Guiada por el impulso del cambio, la artista integral argentina Magalí Cibrián compuso tres canciones que abren camino a la transformación. Cada una en una lengua diferente y con su respectivo videoclip realizado y dirigido por la misma compositora, “Fugir”, “La primavera del desencanto” y “When”, anticipan el concepto de un nuevo álbum que estará marcado por los climas cinemáticos, la profundidad emocional y la crudeza en su narración.

A tres años del lanzamiento de La hora azul, su álbum debut, la trilogía que adelanta el segundo trabajo discográfico de Magalí Cibrián irrumpe con delicadeza y ánimos de sanación. Mientras “Fugir” -canción en portugués lanzada el año pasado- y la recién estrenada “When”, representan un pedido de fuerza y de coraje para dar un paso doloroso y necesario, “La primavera del desencanto”, por su parte, cuestiona los valores de competencia y de egoísmo que nos han enseñado históricamente y sobre los cuales solemos construir cadenas de frustraciones y daños: “La primavera del desencanto es el momento en el cual percibimos la vulnerabilidad de nuestras construcciones y miramos a nuestro alrededor. Es doloroso pero también es una oportunidad para sanar y transformar”, afirma Magalí sobre el reciente sencillo.

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Con una estética cinematográfica y transitando entre la balada, la bossa nova y la canción de autor con guiños al tango y la rumba, la trilogía de canciones es dueña de un concepto fuerte y existencialista que se ve reflejado también en sus acompañamientos audiovisuales. Muy acorde a los tiempos que corren -y solo faltando el clip de When, a estrenarse durante el mes de agosto-, los videos de los tres singles fueron realizados por la artista en su propia casa y están atravesados por las preguntas que la invaden constantemente.

En esta entrevista hablamos con la artista sobre su fabuloso mundo.

¿Qué recepción tuviste de La Hora Azul? 
La Hora Azul fue el resultado de mis primeros años de experimentación musical y audiovisual y ha sido hasta ahora casi un secreto íntimo. No tuvo difusión en medios. Lo presenté en un teatro con banda completa y luego me sumergí en los temas nuevos. Me han escrito personas muy conmovidas diciendo que les llegó al corazón,  agradeciendo el viaje emocional que proponen las canciones y los videos de La Hora Azul. Descubrir que podía resonar y generar algo tan lindo me motivó. Me hubiera gustado difundirlo y presentarlo más pero no fue posible en aquel entonces. Hace poco abrí un nuevo canal de YouTube y subí allí todos los videos musicales que lo conforman.

¿En qué etapa del nuevo disco estás? 

La producción del nuevo disco comenzó en 2019 pero fue atravesada por el contexto crítico de los últimos años, y pude retomarla recién hace unos meses. Ahora voy paso a paso, aceptando los tiempos posibles de una producción independiente en estas condiciones, y
atravesada también por proyectos paralelos. Sigo componiendo y produciendo los temas que lo conforman, y decidí mientras tanto empezar a compartir el trabajo realizado. Espero poder lanzarlo a comienzos del año que viene.

¿Cómo fueron los procesos de composición y grabación de esta trilogía adelanto? 

Los procesos de composición surgieron de la necesidad de poner en música y en palabras experiencias que me movilizan. Esto me ha pasado casi siempre como autora. Partieron de un impulso, y luego me encontré ante el desafío de bajarlas a tierra y convertirlas en
canciones. A diferencia de La Hora Azul, donde los temas no siempre siguen una estructura básica de canción, estas nuevas melodías llegaron con un formato más convencional. Por otro lado, si bien siempre me involucré en los arreglos de mis composiciones, durante mi primera experiencia componiendo no contaba con una formación musical, con lo cual la falta de herramientas me dejó a mitad de camino. En esta nueva etapa decidí sumergirme más a fondo en los arreglos y la producción, lo cual implicó estudiar, probar, frustrarme y volver a confiar. También profundicé en el vínculo con lxs intérpretes y productores que participan en el proyecto. Considero que ese entendimiento es clave y que el oyente puede percibirlo. Aprendí a bajar la ansiedad y comprender qué es lo que pide cada tema. De hecho, probablemente convivan en el disco dos versiones de La Primavera del Desencanto como resultado de este aprendizaje.
 
Al momento de componer, ¿cuándo decidís en qué lengua vas a cantar la canción?

Decidí no decidir eso, dejar que la letra llegue y no forzarla en otra dirección. Viví un tiempo en Brasil, escuché mucha música de allá y durante varios años hablé en portugués.
Las primeras veces que mi cerebro me entregó canciones en otro idioma intenté pasarlas a español, pero no supe mantener la esencia del tema en las traducciones. Es por esa razón que Fugir fue grabada en el idioma en el cual nació. Algo parecido me pasó con When, estaba escuchando música en inglés y hablando el idioma en mi trabajo. Ni bien apareció la canción intenté pasarla inmediatamente al español, pero al modificar la letra percibí que la estaba alterando. Para evitar dañar estos temas, los dejé crecer en el idioma en el cual
llegaron. Probablemente si mañana llegase a oír e incorporar una nueva lengua, la misma también tendría un impacto directo en mis composiciones y me pasaría algo similar.

¿Lo mismo te ocurre con los géneros musicales? 
Si, tampoco lo decido, por ahora. Generalmente no pienso en hacer “tal tipo de música”, eso por lo pronto no me suele funcionar. Las canciones hasta ahora han surgido de una necesidad de comunicar y/o de sanar algo, son el idioma que encuentro para hablar de lo
que me moviliza. Las palabras o las melodías se me aparecen, muchas veces llegan para rescatarme. Puede ser en la calle, en el tren o en el balcón, y me arrastran al piano hasta tomar forma. Pero estoy aprendiendo a investigar ¿De dónde viene esta melodía? ¿Cuáles son los géneros que la atraviesan desde el inconsciente? Esto me está permitiendo abrazar a las canciones y respetar su esencia. Después de escuchar la Hora Azul varias personas preguntaban: ¿Pero qué género es? ¿Opera Indie? ¿Pop oceánico? Yo respondía “Son canciones que parecen cuentos”. En estas nuevas canciones que estoy presentando las influencias musicales quizás sean más reconocibles. Aún así me sigue siendo difícil catalogarlas. Creo que incorporan distintos tipos de influencias musicales que recibí desde
que tengo memoria, lo cual incluye un abanico de géneros muy variado. Sigo recibiendo a las canciones sin pedirles que se enmarquen en un determinado género, estoy aprendiendo a
comprenderlas e investigar de dónde nacen para acompañar a la naturaleza que las originó.

Por Santiago Ramos

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