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«Hay que celebrar mucho la discusión política»

Llega a los cines argentinos La Cordillera

Mañana se termina la espera, llega a los cines argentinos La Cordillera, una de las películas más esperadas del año, bajo la dirección de Santiago Mitre (mentor de La Patota y El Estudiante), quien redondea una vieja idea con el apoyo de Llinás. Además, el film cuenta con actuaciones de Ricardo Darín, en el rol de Hernán Blanco (presidente de la argentina), Érica Rivas (asistente del presidente), Gerardo Romano (asesor presidencial), Dolores Fonzi (hija del residente) y un elenco de altísimo vuelo con Paulina García y Daniel Jiménez Cacho. Ante semejante expectativa, es que entrevistamos al propio Mitre, quien nos brindó detalles, como el de que en una charla en la sierras de Córdoba terminó de escribir este film. Aquí la palabra del autor.

¿Cuáles fueron los primeros disparadores para hacer La Cordillera?
Creo que en el final del procedo de mi primer película, que se llama El Estudiante, y era sobre militancia universitaria, un personaje que militaba dentro de la universidad. Entonces empezó a aparecer la fantasía, jugando a pensar qué sería de ese personaje con el paso del tiempo. Por ahí apareció la idea de que por ahí es un ministro, qué pasa si es presidente y demás. Entonces apareció la fantasía de hacer una película sobre un presidente de ficción. Creo que mi viejo también, en paralelo, había empezado a laburar en el Mercosur y viajaba mucho a cumbres en esa época, entonces me pareció interesante la idea de poner una cumbre de presidentes, no recuerdo bien. Pero es una idea vieja que retomé con profundidad después de La Patota, que fue mi segunda película. Bueno, la idea fue cruzar un poco esta idea de la macropolítica internacional y un presidente en plena construcción de su liderazgo, con búsqueda de poder y conflicto en el plano íntimo con su hija. Fue trabajar esos dos polos, la política y la vida familiar.
Hay momentos en que se habla de política y hay momentos en que no se habla mucho de política. Incluso hay programas que antes eran de chimentos y ahora son de política….
Yo creo que en Argentina siempre se habla de política. Es una de las grandes pasiones y grandes temas que están en todos lados: en los bares, en los taxis, en las mesas familiares, en los grupos de amigos, hay discusión política. Es algo que en los últimos años, a pesar de que se le hizo mala fama, es algo que celebro y me alegra mucho el grado de pasión y análisis político que tenemos todos los argentinos. La política importa y eso, cuando uno camina por la calle en este país, se da cuenta de que es así y, más allá de críticas o estar de acuerdo, hay que celebrar mucho la discusión política. Por eso a mí esa cuestión de la grieta me resulta asombrosa porque siento que parte de eso es un mérito confrontar ideas. Es la forma de pensar e intentar construir una mejor política.
Y con este clima, ¿considerás que es valiente abordar un tema tan sensible?
Yo creo que con mi primera película, que fue El Estudiante y fue bien recibida, tuvo una dosis de polémica fuerte y a mí en ese momento, un poco que me molestaba o no sabía, me sensibilizaba sentir que se me estaba atacando por malas razones. Después me di cuenta de que es un mérito que tiene la película, que es un mérito que tiene el cine de ficción poder establecer vínculos que tienen que ver con la realidad de un modo más lateral o no tan directo, pero de alguna manera, estar hablando de este tiempo y de los problemas de la sociedad sin mencionarlos directamente, está bueno. Ahora ya estoy un poco más grande y un poco más seguro de las cosas que hago y entonces no me importa, ya sé qué es lo que pienso y lo voy a discutir en donde haga falta. Si les parece que la película sirve para discutir la sociedad, me parece bien; y si quieren atacarme a mí, que lo hagan, también me la banco.
¿Y cómo continuó el armado del film? ¿Cómo elegiste los personajes?
Yo trabajo mucho con Mariano Llinás, que es un director y guionista extraordinario. Para mí, uno de los mejores que hay en Argentina. Así que hubo un proceso de casi un año en donde nos juntamos a pensar en cómo podría ser la película. Cómo darle forma: armar la historia, invención de los personajes, y demás. Ahí se van configurando como algunas ideas madre de la película, la idea del hombre común, o esa caracterización; el nombre del personaje, Hernán Blanco que era muy importante también para las ideas de la película; el vínculo con la hija; la idea de hipnosis, que fue fundamental y fue donde nosotros nos dimos cuenta de que teníamos una película original, que podía dar vuelta la propuesta inicial e ir hacia una zona mucho más profunda y extraña. Después, al guion lo escribimos relativamente rápido, entre dos y tres meses. Lo terminamos de escribir en Córdoba, de hecho.
¿Y en qué momento te diste cuenta de qué tal actor es para tal rol?
En el caso de los personajes más importantes, desde siempre. Yo escribo con un actor en la cabeza: Ricardo Darín era fundamental para imaginarme la construcción de este Hernán Blanco; y Dolores (Fonzi) para pensar en Marina; y Érica Rivas para pensar en Luisa…incluso varios de los actores que hacen presidentes de otros países son actores que yo admiro y con los que tenía muchas ganas de trabajar, como Paulina García o Daniel Jiménez Cacho, que me parece uno de los mejores actores del mundo. Luego, Alfredo Castro fue una propuesta que me hicieron, pero también es un actor que admiro mucho. Hay algo que a veces lo tengo en la cabeza o que aparece después de terminar la escritura aparece mejor y lo puedo modificar, como Gerardo Romano, por ejemplo, fue una propuesta pero tienen un peso como actor y una fuerza por su compromiso político que lo transmite a la película y está muy logrado.

Por Santiago Ramos para GAMBA.FM##

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