Entrevistas

Mariano Llinás desmenuza La Flor

La cuarentena hizo que se liberen muchos contenidos on demand, incluso obras que no estaban pensadas para que sea vean vía streaming, tal el caso del catálogo de El Pampero, productora que dio vía libre a través de Youtube para que podamos ver todos sus films. Una de las películas que están dentro de esa productora es  La Flor, una obra maestra de Mariano Llinás que se llevó todas las miradas en diversos festivales internacionales y ganó premios en el Bafici de Buenos Aires. Si bien es un film de 14 horas de duración, lo importante es la narrativa y la capacidad de Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa, Laura Paredes para ir interpretando diferentes roles a lo largo de la película para que se transforme en una experiencia inaudita. Para conocer detalles de este hito del cine argentino hablamos con su director, Mariano Llinás.

Teniendo en cuenta que la película te llevó muchos años, ¿qué cosas de la idea inicial fueron cambiando a lo largo del armado del film?

Lo que uno podría decir es que la película está preparada para ser hecha a lo largo de muchos años. Entonces, lo que vos me preguntás de si algo fue cambiando, yo diría que estaba previsto que fuera cambiando. Como que, de alguna forma, era parte del programa de la película que se fuera haciendo a medida que los años pasaran, a medida que uno fuese teniendo diferentes ideas, diferentes maneras de entender la propia película;  la relación con las chicas, que las chicas mismas fueran cambiando. Es una película que utilizó el tiempo de su fabricación como algo esencial. Como algo que, de alguna forma la constituía más que ningún otro elemento de guión. Lo que hicimos al comienzo fue diseñar una estructura abierta, de tal manera que el ejemplo más claro de eso tiene que ver con el capítulo 4 de la película que durante mucho tiempo estuvo abierto. Nadie sabía de qué se iba a tratar. Y evidentemente eso tenía que ver con que en algún momento ese capítulo iba a recibir una especie de drenaje de las cosas que se habían ido cociendo a medida que la película se desarrollaba. Entonces la pregunta se responde de una manera paradójica. Entonces, por un lado sí, se fue haciendo de infinidad de cosas que se fueron imaginando, cambiando, replanteando y repensando a medida que la película se hacía, pero todas esas cosas eran parte del plan inicial, con lo cual no es algo que cambió. Es algo que tenía que ser así. Mal hubiera sido el destino de la película si hubiese sido simplemente la ejecución de un plan durante diez años. Eso es un poco la pelea que uno tiene con la manera en la que se hacen las películas ahora en terreno independiente, que de pronto se pasan escribiendo y reescribiendo y modificando el guión a lo largo de cinco años y después cuando salen a filmar, salen a filmar eso, es muy dispar entre el tiempo que pasan pensando y el tiempo que pasan filmándola. En este caso eso estuvo mucho mejor repartido, de pronto demoró un montón de tiempo, pero en todo momento se iba filmando y la película iba mutando una y otra vez. Eso estuvo muy bueno.

Las actrices interpretan diferentes papeles en la película. ¿Los seis papeles fueron pensados para ella?

Yo creo que cualquiera que ve la película, y además, se dice desde un primer momento, que la película está hecha esencialmente para sus cuatro comediantes. O sea, que las cuatro chicas: Pilar, Laura, Valeria y Elisa, fueron el comienzo, estuvieron siempre ahí. No solo los personajes y las historias están pensadas para ellas, sino que la película está pensada para hacer algo con ellas, como una especie de juego juntos. Por supuesto que cada cosa que se imaginó tenía que ver con cómo algo que las pudiese hacer jugar. Cómo inventar juegos que, a medida que el tiempo fuese pasando cosas que fuesen diferentes a las hechas en el episodio anterior, que de alguna manera contradijeran esos episodios. Que hicieran que ellas pasasen por territorios inesperados, y por lo tanto los espectadores también. Sin dudas, toda la película, cada elemento esta hecho en función de ellas cuatro.

Si el streaming fuera un cineclub, ¿qué conocimientos previos le otorgarías a la audiencia para que disfrute en plenitud del film?

Lo que pasa es que cambia mucho cómo funciona la exhibición en un cine, en el cual yo acuerdo con lo que esté por ver el espectador, le explico un poco cómo manejarse, hago como una especie de pequeña introducción graciosa, diciéndoles cuando les conviene irse al baño o no. Y ahora el cambio con el cine es enorme. La gente puede parar la película. Este es un cambio al 100%, en relación con el cine. La gente puede volver atrás y ver algo que no entendió. Puede dejar de ver otra cosa, y volver. Es gigantesca la diferencia con la experiencia cinematográfica. Y sobre todo, esto supongo que es algo bueno, yo soy muy militante de la proyección, de la pantalla grande y de la experiencia de un saque, la experiencia ritual de ver la película, pero supongo de lo que podríamos llamar el video. Más allá del streaming y todo eso, podemos llamarle el video, uno lo ve en la casa y puede parar y rebobinar y adelantar. Supongo que esto permite una mayor atención al detalle. En ese sentido la película es muy explícita, desde un comienzo con respecto a las cosas que el espectador tiene que saber, el procedimiento de La Flor está explicado muchas veces. Por si eso fuera poco, hice como una especie de portadas en donde se le explica al espectador qué va a venir en cada parte, me parece que no tiene que saber nada. En cuanto a lo que decís de conocimientos, no sé si te referís a conocimientos de cultura general, supongo que para el público argentino, quiero decir que la película se disfruta de una manera diferente si por ejemplo uno sabe lo que es Pimpinela, si uno sabe que es Pimpinela uno ve la película de una manera distinta de los que no, no sé si mejor o peor, pero por ejemplo en Francia o Alemania no saben y supongo que les resultara más llamativo ver eso. Pero más allá de eso supongo que no hay que ser un gran experto en la guerra fría para ver la parte de las espías, o un gran experto en Casanova para ver la parte de Casanova. Uno ve la película y la película debería darse a entender por sí misma.

Las películas del catálogo de El Pampero fueron liberadas para streaming, ¿qué se gana y que se pierde en el paso de la proyección al streaming?

Lo que pierde para mí es la noción de lo que yo llamo cine, que es la gran pantalla, que estoy convencido que es una manera más radicalmente de ver las imágenes que en la compu. Podría decir, ni mejor ni peor, pero bueno no sería cierto porque yo considero que es mejor. Después, por supuesto, uno ve las películas en compu también, pero en la medida  que yo pueda defender que las películas sean proyectadas lo voy a hacer. No es el caso, ahora en medio de una pandemia en la que estamos todos en cuarentena, un poco tiene que ver con esto la decisión. Pero la idea de ver la película en un formato pequeño, y de tenerla y de poder ir para atrás y para adelante, de poder revisar una escena y todo eso también es muy atractiva. Eso hay que reconocérselo al formato pequeño y al video. Es como poder pensar la película de otra manera. Diría que es peor la experiencia, pero es mayor la capacidad de dedicarse al detalle, de pensarla de analizarla y examinarla. Yo creo que lo mejor es verlas en el cine y después revisarlas o pensarlas o acercarse a ellas de una manera más minuciosa en video. Pero bueno, los que vean la película por primera vez en video está perfecto. Me parece que es lo que se puede y por algo la estamos soltando. Porque si bien para nosotros es una gran batalla la batalla de la proyección, bueno, adelante.
Otra cosa que permite, y en ese sentido me resultó muy grato, es el hecho de sacar todas las películas juntas, que es algo que nunca habíamos hecho. En principio pude verlas yo, que en general uno no ve sus propias películas, entonces cuando uno ve todas juntas, las tengo ahí todas abiertas en el canal en la compu también como para ver cuánta gente las va viendo. Bueno genera cosas, genera por ejemplo una sensación de totalidad, de colección, todos los objetos juntos, uno los puede comparar, es mucho más manejable también, se vuelven más objeto las películas. En ese sentido es algo que le otorga al hecho de haber hecho tantas películas en casi 20 años, hemos hecho tantas películas, te diría que casi nos acercamos a una película por año, y una de ellas es La Flor de 14 horas. Entonces hay algo de la idea de colección de ver todas las películas reunidas que es bastante conmovedor, al menos para nosotros, no sé qué le pasará al público.

Siendo el cine argentino un imaginario tan abstracto, ¿con qué cine de acá te identificás?

Creo que hay dos tradiciones en las cuales nosotros, todos los de El Pampero nos sentimos identificados dentro del cine argentino. La primera es lo que podríamos llamar una cierta tradición formalista que tiene que ver, si tengo que hablar en mi caso personal, y creo que se debe aplicar a todos los miembros del Pampero, pero sobre todo a mí y a Alejo también, seria una tradición que podríamos llamar formalista, cuyos máximos exponentes son dos cineastas que han sido  nuestros maestros, que son Hugo Santiago y Rafael Filippelli, Rafael fue nuestro maestro de una manera literal, fue la persona que nos enseñó a pensar el cine. Y con Hugo, con quien entablamos una relación posterior. A Hugo nosotros lo admirábamos antes de conocerlo, a Rafael no, porque figura al inicio de nuestro aprendizaje, con Hugo era fanático de Invasión antes de hacerme amigo de él. Por un lado diría que esa es una tradición, algo que podríamos llamar tradición francesa. Es difícil de definir en pocas palabras, pero sí una tradición formalista, que en el cine argentino es muy minoritaria. Una tradición que le presta atención, sobre todo, a la forma antes que al argumento. Y eso es muy raro en el cine argentino. Más allá de que las películas que hacemos son todas muy argumentales y las de Hugo también. Y por otro lado, lo que tradicionalmente se definía como «nuevo cine argentino», que podríamos llamar cine independiente argentino, que cada vez se aleja más de un núcleo que existió al comienzo, que tenía que ver con hacer las películas por fuera de los mecanismos de industria tradicional, eso que fue muy fuerte a fines del siglo XX,  en el 98 o 99, y en la que muchos de nosotros nos formamos. Eso lentamente se fue disolviendo, cada vez hay menos de ese impulso de hacer películas de manera externa a la industria. O tal vez es injusto decir que se haga cada vez menos, pero tienen cada vez menos centralidad las películas hechas por fuera. Los viejos directores que empezaron filmando por fuera de la industria, supongo que el más significativo sería Pablo Trapero,  después inició una carrera más reconciliada con la industria, independientemente que sus películas hayan mejorado o empeorado (eso depende de cada uno), pero efectivamente su carrera siguió por caminos más tradicionales. Y de otro montón de directores de la primera época podría decirse lo mismo. Me da la impresión que El Pampero todavía mantiene esa vieja causa, esa causa de hacer las película por fuera de lo que es la manera tradicional de hacer las películas en términos de producción.

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¿En qué obra estás trabajando actualmente?

Actualmente, es mucho decir, tengo ganas después de terminar La Flor, que es un proceso muy arduo y no es fácil empezar otra cosa después de tanto tiempo. El Pampero está trabajando en otros proyectos que no son míos, hay una gran película de Laura Citarella en la cual, lentamente nos vamos comprometiendo todos. Pero yo diría que claramente un horizonte importante para mí es una serie de películas sobre las guerras civiles entre unitarios y federales del sigo XIX. Eso es lo que me interesa hacer, pero está todavía en un estado muy embrionario, y es muy pronto para decirte, pero supongo que sí o si el horizonte inmediato es las películas históricas, no reconstrucciones históricas todavía, pero sí películas que se asomen a la historia, que se asomen al sigo XIX.

¿Te parece que tu película mejora con cada vez que se mira?

Espero que sí. Pero al mismo tiempo te diría, que si mejora, supongo que cambia. Hay cosas que supongo que deben ir apareciendo, que va cambiando. Por otra parte la experiencia de la primera vez que uno ve la película que te gusta es irremplazable, no hay manera de imitar esa sensación. En ese sentido mejorar, yo creo que cambia, que uno ve las cosas de otra manera, que de pronto uno ve más detalles, no necesariamente el detalle es algo mejor que una totalidad abrumadora. Tienen mucho prestigio los detalles, y de pronto hay algo de la experiencia entera, de la experiencia arrebatadora que es muy bueno también. Pero sí, a mí me parece que sí, pero lo mismo se puede aplicar a todas las películas. Borges decía que no hay que leer sino releer, y lo mismo se puede decir de las películas. A mí me impresiona mucho cómo los críticos de cine piensan y hablan de películas que vieron hace treinta años. Una vez me acuerdo que hablaba con uno y estábamos hablando de Eisentein y yo le decía unas cosas del director,y él me decía otras. Y yo le digo: «¿Cuánto hace que viste las películas de Eisenstein de las que estás hablando?». Y me dice: «y no sé, en la facultad», y claro era un tipo de 50 años, entonces ¿de qué hablas? Entonces yo creo que hay que volver a ver las películas, copiando a Borges creo que hay que ver pocas películas muchas veces, sabérselas bien. A mí me parece que así uno aprende, sobre todo si uno quiere hacer cine, si uno es un cineasta. Los cineastas tenemos que ver pocas películas, muy bien. Más que ver muchas películas medio superficialmente o de oreja, a mí me parece que pocas es mucho. Si alguien quiere ver muchas veces La Flor me parece que le va a gustar más que si las ve poca veces.

Acá los siguientes enlaces para verla

Parte 1

Parte 2 

Parte 3

Parte 4 

Parte 5

Por Guillermina Valiente y Santiago Ramos.##

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