Entrevistas

«Menos mal que no soy rockero»

Juan Ingaramo está haciendo un trayecto sostenido y desprejuiciado en el mundo de la música con un gran resultado artístico. El músico se está instalando de a poco en la popularidad y mantiene los pies en la tierra. En esta entrevista publicada en el portal Silencio, el músico se explayó sobre diversos temas.

Sólo basta con comparar el título de su primer disco solista con el del tema que abre Best Seller, su álbum más reciente. Pop Nacional se llamaba aquel, Lengua universal se llama este, que, encima, se mueve sobre una base de reggaetón lento.

“Me encanta el reggaetón y considero que puedo hacer buenos reggaetones, entonces… ¿por qué no hacerlos?”, explica con sonrisa eterna Juan Ingaramo antes de su show en el Teatro de Colegiales este viernes 10 de mayo. “Ese que hice es medio popero, un poco conceptual, y en la letra lo fundamento, pero también puedo no explicarlo”.

Abanderado en la música pop en su acepción más expansiva, Ingaramo demostró en Best Seller y en los singles siguientes (la bachata “Romeo y Violeta” y “El campeón”, con aires folklóricos) que puede hacer propio cualquier sonido que le sirva de vehículo para sus canciones. “Es una especie de manifiesto de mi relación actual con nuestra música y nuestra región”, cuenta. “La identidad se la da mi voz”.

¿Encontrar una identidad sonora es algo que te preocupa antes de entrar al estudio?
Es que la identidad está en el hecho de que a todas las canciones las canto yo. Eso lo aprendí después de estar enroscado mucho tiempo con mis ganas de probar otras cosas. Y hubo gente que me dijo “Siempre va a sonar a vos porque vas a cantarlo vos”. La voz es la fundamental ahí. Al disco lo pensé de acuerdo al paradigma de consumo de hoy, esa cosa de las stories: es cortito y tiene todo. Hoy tu teléfono es tu mundo, y esta colección de canciones pueden entrar en ese ratito y muestran como veo esta movida. El disco en sí era una opción, no era necesario ese formato. Ahora pienso y no no lo necesito, puedo sacar las canciones sueltas.

Y si sacás un tema nuevo cada dos meses, das la sensación de estar activo constantemente. No tenés que esperar hasta tener diez temas nuevos para el próximo disco.
Es liberador eso, antes tardabas dos o tres años. Ahora estás con la caldera prendida todo el tiempo y me parece genial, porque es para lo que estamos. Aparte, ahora que estamos en la era de la fugacidad hay que estar más abiertos que nunca a las nuevas formas. Mis canciones no fueron construidas para durar para siempre, fueron parte de un camino que hacen que hoy pueda decodificar en música más sinceramente la realidad. No tengo la necesidad de que mi obra trascienda temporalmente, ni yo como artista. Me lo he cuestionado mucho. Una vez estuve con Andrés Calamaro y me leía unos poemas para futbolistas que estaba haciendo, eran de un nivel extremo, de una calidad… Y ahí decís “Tengo que abrir un quiosco”, pero es porque Andrés ha sido un icono que viene de otra época. Cuando te comparan a Duki con Charly… no tiene sentido. El mundo ha cambiado tanto que no alcanzamos a darnos cuenta.

Bueno, vos ya usabas autotune en Pop Nacional y es de 2014.
Me encanta el autotune, siempre me pareció genial. No es un pedal de efectos, es un plan más allá. El trap me apasiona, no puedo creer cómo apareció una forma nueva en este mundo que generalmente replica todo. Son pibes que dicen otras cosas, de otra forma, y que encontraron otros modos de difundir. Todo es nuevo, es diferente. Como sociedad, claramente hemos fracasado, hay que tirar todo. Y no hace falta que un tema dure para siempre, puede durar dos meses y está perfecto.

¿Te resulta difícil no caer en la lógica voraz de las redes sociales?
Esa es la trampa de hoy en día. Instagram, el like… se te acaba la batería o te quedás sin internet, y no hay nada. Es mortal eso. A mi me sirve mucho mi viejo, que es músico o mi novia, que es actriz [N. del R.: está en pareja y espera un hije con Violeta Urtizberea] y es muy conocida, y para ella nunca significó nada más de lo que realmente es. Tengo gente muy cercana que de golpe van a verlos a un show y ya se consideran especiales, tocados por la varita mágica. Y para mí no hay nada de eso. O cuando hablan del mérito… Yo tuve la suerte de que mis viejos me permitieron una educación piola y rodeada de afectos, y pude aprender lo que me gustaba, pero al pibe que limpia los vidrios no le hables de méritos porque él no pudo elegir nada. Los artistas estamos en un falso pedestal de creernos inalcanzables y eso es contraproducente.

Y parece que la tienen cada vez más difícil para no compartir todo el tiempo todo lo que hacen.
Trato de aferrarme lo más que puedo a la idea de guardarme cosas para mí, de tener lugares que sean míos, pero es complicado. Los artistas del pasado hicieron su carrera en una era distinta, podían resguardar una cuota de misterio. Imaginate a Lennon con Instagram (risas). Ahora estamos todos mostrando qué morfamos… Estoy ahí, sé que es necesario pero también lo voy negociando en el día a día, sintiéndolo. Es difícil el juego, y no es que tengo planeado qué comparto y qué no. Trato de que sea sincero y verdadero, eso es fundamental: no hay una masturbación alrededor mío. Muchos lo hacen y esta perfecto si les funciona estar todo el día así, mientras estén en equilibrio y no sufran…

Sin embargo, tu relación con Violeta te trajo un mínimo de exposición mediática. ¿Cómo te llevás con eso?
Siempre tuve claro lo que quería. Porque es seductor todo eso… cuando no lo conocés. Pero a mí la mano Ángel De Brito nunca me atrajo mucho porque tampoco lo necesité en mi universo. Y no me parece mal si sabés aprovecharte de eso, ¿eh? A mí siempre me dio miedo, incluso. Por suerte, Viole lo tiene súper manejado y yo estoy en el lugar re cómodo de ser “el novio de…”, así que no tengo drama.

Pero también tus shows se vuelven cada vez más convocantes. ¿Te preguntás qué pasaría si te convertís en una estrella masiva?
Sí, re, pero porque son las primeras veces, también. Cuando presenté el disco en Córdoba, la gente cantaba todos los temas al palo, de principio a fin. Estuve toda la primera parte del show tratando de entender qué pasaba. Eso, sumado a que no deja de ser un acto medio absurdo ponerme en un escenario frente a gente… Estamos en una época en la que hay muchos paradigmas derrumbándose… y no se derrumba el arte ni la performance, pero sí por qué uno lo hace y por qué está detrás de todo eso. Me lo pregunto y en ese ejercicio se van descubriendo cosas. Hay algo afectivo e intuitivo que me pasa con la música: lo que más me interesa es hacer canciones. Cantarlas en vivo es un flash, pero es intenso. Es bravo pero a la vez es un oficio sagrado; estoy conectado con algo muy profundo mío y la gente me lo devuelve con amor. Es un flash, pero bueno, estoy ahí viendo cómo es.

Leé la entrevista completa en el portal Silencio##

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mas vistas

To Top