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¿Por qué aplaudimos cuándo algo nos gusta?

Termina tu canción favorita de una banda de rock. Un político dice la última palabra de su discurso. Cae el telón en un teatro. ¿Qué sucede inmediatamente después? Aplausos.

Aplauso viene del latín «applaudare» que podría traducirse como «hacer ruido con las palmas de las manos». Su definición es sencilla, pero no su origen. De hecho, la costumbre de aplaudir podría ser tan antigua como la humanidad. En la Antigua Roma existía un ritual de aplausos luego de representaciones públicas para expresar distintos grados de aprobación: golpeaban los dedos, aplaudían con la palma hueca -a esto se le llamada “imbrex”- o estirada -“testa”- y agitaban las togas. Incluso en el teatro romano cuando una obra terminaba el protagonista gritaba «Valete et plaudite» -adiós y palmas-, y todos aplaudían.

En la política era un buen método para evaluar niveles de aceptación. Quien supo esto fue Nerón: el emperador llegó a ordenar que 5.000 de sus soldados lo aplaudieran y adularan cada vez que salía a escena.

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Más acá en el tiempo, surgió en Francia la figura del “claque”, alguien que asistía a teatros a aplaudir con el solo hecho de que el resto de los espectadores también lo haga. Sobre los aplausos hay pocas investigaciones. Pero de todas formas existe una, realizada en la Universidad de Uppsala, Estocolmo, que da un dato clave: los aplausos son contagiosos.
A esa conclusión llegaron los investigadores luego de estudiar a un grupo de voluntarios a quienes invitaron a distintas exposiciones. Y descubrieron que sólo hizo falta que una o dos personas pusieran sus manos juntas para que la ola de aplausos se extendiera por todo el público. «Usted siente la presión social de empezar a aplaudir, y una vez ha comenzado a hacerlo, hay una presión igualmente fuerte para no detenerse, hasta que alguien comienza a parar», explica Richard Mann, investigador principal.

No importaba que tan brillantes habían sido las exposiciones estudiadas: no tenían en sí efecto sobre la duración de los aplausos. El desencadenante era la presión social.##

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